miércoles, 21 de diciembre de 2011

Capítulo 3

 Camino distraída hacia clase de Historia con pasos torpes, a la velocidad de una tortuga. Oyendo las palabras de Josh, pero sin escucharlas. Respondiendo simplemente con un sí, un no, un bien o un mal. No hay más que decir, no hay más que yo pueda decir. Entonces me hace una pregunta algo incómoda:


 -¿Y qué tal tu compañero de cobertizo?


 .Emm... - murmuro pensativa- Llegamos tarde, camina.


 Ha sonado demasiado borde, o eso me ha perecido, sinceramente le he contestado mal y se le nota en el rostro.


 -Lo siento Josh, no quería... Ha sido una tontería... Quiero decir que no ha estado mal - empiezo a liarme con las palabras y a titubear sin sentido hasta que respiro profundamente y le digo:- Bien, ha estado bien.


 -Por lo que parecía, os habéis echo muy amigos...


 Pero, ¿qué está insinuando? Le miro perpleja, incrédula. Con la mima cara que puso él cuando le castigaron por primera vez en el cobertizo. Esa misma cara que se pone en momentos en los que te cuesta tragar las palabras que ha dicho el emisor del mensaje. Vuelvo a coger aire profundamente por la nariz y lo expulso fuertemente por la boca, así tres veces. Josh se aclara la garganta, esperando todavía mi respuesta.

 -¿Qué quieres decir? -pregunto cuando soy capaz de hablar.

 -Nada, vamos.

 No pongo objecciones. Sólo le sigo hasta clase y nos sentamos en nuestras mesas, sin hablarnos, sin mirarnos. Sólo soy consciente de algo: Josh no confía en mí, o eso, o está celoso. ¿Celoso? ``Venga Laia, no seas tonta, ¿cómo va a estar celoso? es tu amigo, nada más, y chicas hay muchas más, así que no corres la suerte de gustarle. Por favor Laia, empieza a pensar con claridad.´´ Y repito el pensamiento, una y otra vez, hasta que me calmo lo suficiente, tan suficiente como para quedarme dormida.

 -¡¡LAIA!! -chilla la regordeta profesora de Historia con la ira que la caracteriza. Antes de que pueda darlme cuenta, me cruza la cara con la regla métrica. Dolorida y humillada, me levanto enfurecida y, sin importarme el cobertizo, el castigo, y el peligro de mis actos, salgo de un portazo de la clase.
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 -¿Te pego? - pregunta Benny con los ojos como platos cuando le cuento porque estoy de nuevo en el cobertizo.

 -Sí, ¿aún tengo la marca del reglazo en la mejilla? -le pregunto acercándome.

 -Un poco- se encoje de hombros - Lo bueno es que cuando cumplas los dieciocho y te largues de aquí la podrás denunciar. No me puedo creer que lo hiciese...

 -Ya la conoces - digo acariciando mi pómulo y sintiendo aún el golpe - ¿A qué te refieres con denunciarla? ¡La policía no me hará ni caso! ¡Y no la van a meter en la cárcel por esta tontería!

 -¡Pues deberían! Ella no tiene derecho a hacerte daño - me mira a los ojos con sus profundos ojos mar. Y le encuentro doble sentido a sus palabras. Quisiera congelar el tiempo en esos momentos, dejar que nos fundiesemos mirandono el uno al otro, eternamente, intensamente. Sin palabras, no hace falta hablar, sólo mirar. Esa es la regla del juego. Por un momento parece un verdadero torneo. Quien aparte la vista pierde, y estoy decidida a no ser yo la que lo haga.  Pero mi decisión se revoca.

 Hay una regla no propiamente dicha: él que bese al otro pierde.

 Y antes de darme cuenta mis labios estan unidos a los suyos.

2 comentarios:

Belinda dijo...

aiohdgaioñsdlbkvndoilkvjnasdiuvgjkhndfuvhsajk,hbvasd... precioso, amo la novela.
Más, YA.
he encontraado un huececito para leer la historia^^ no se vivie sin ella! ;D
un besazo guapa!

Andreii Chesire dijo...

Que bonitoO! Me encanta ^^! Es genial, fantastica ^^.