viernes, 9 de diciembre de 2011

Capítulo 2: Noche sin sentido.

 Se llama Benny, Benny Weir. Chico castaño, medio corto, medio largo. Ojos azules, no el mismo azul de los míos. El suyo es... completamente intenso, como el mar. El mío es algo más claro, helador, recuerda al frío, al hielo. Inquietantes, agua en calma. Sí, esas palabras se acercan bastante. Es algo musculoso, cosa que quizá me ha removido algo por dentro, quizá alguna hormona se haya salido de su sitio, pero no lo afirmaré hasta saberlo con precisión. Es alto, lo sé porque el sofá es demasiado estrecho para su estatura, también podría ser una comparación. El sofá mugriento sería como una asquerosa cucaracha y Benny como una mariposa que acaba de salir de la crisálida. Me mira. Le miro. No decimos nada, hasta que él mete un tema de conversación.


 -Bonitos ojos.


 -Gracias - no puedo evitar sonrojarme - Tus ojos también lo son.


 Y de nuevo silencio.


 Este silencio es insoportable, así que no veo otra opción que intentar pegar ojo, me tumbo el el sofá libre y cierro con fuerza los ojos. De nada sirve. Me es imposible dormir. Pasa una hora. Dos. Tres silenciosas horas y la temperatura desciende en picado. Comienzo a tiritar y me hecho una manta encima, sigo teniendo frío. Mucho. Pero la otra manta se la he dejado a Benny, sino, morirá congelado. Aunque puede hacerlo de todos modos. Oigo su castañeo de dientes, y también el mío. Es horrible. No lo esperaba tan mal. Creía que no sería tan frío. Pero es peor de lo que me imaginaba.


 - ¿Quieres que nos acurruquemos? -abro los ojos de golpe y le echo una mirada asesina. Odio el amor y todo lo que tenga que ver con ello. Lo diré una y mil veces. Y no me cansaré de repetirlo. - Me refiero para entrar en calor.


 - Mmm... - me quedo pensativa. Al fin y al cabo no significará nada.  Me levanto y me tumbo cerca de él. Puedo oler su aliento a menta y oír los latidos frenéticos de su corazón, él también pasa frío. Por suerte, aunque estos incómodos sofás son cortitos, son lo suficientemente anchos para dos personas. Extiendo mi manta sobre nosotros y me recuesto. Mucho mejor. Muchísimo mejor.


 - No puedo dormir. -me comenta él a la media hora.


 -Yo tampoco - le confieso.


 La situación es bastante incómoda tanto para mí como para él. Porque alguien con sentido de la razón sería lo bastante listo para saber que sólo estaría en esa postura por pura y real supervivencia. Pero yo no estoy en mis cabales. Lo que yo pienso es que estamos demasiado cerca. Demasiado. Ya no tengo tanto frío, ni tirito, pero me está volviendo loca la forma en la que estamos tumbados. Es decir, él me está pasando sus fuertes brazos por encima. Y yo también le abrazo a él. Pero por mucho que me moleste no me aparto. ¿Por qué? <<¿Qué narices te pasa, Laia?>> Voy a decir por fin algo pero no un nudo en la garganta al comprobar algo raro... Entonces me doy cuenta. No odio el amor en sí. Lo que sentía era puramente miedo a lo desconocido. Claro que sí. Como yo nunca lo había sentido... No, no me aparto. No me alejo.


 Cuando amanece, el sol se cuela por las rendijas de la madera de las paredes del cobertizo. Ha sido una mala noche y a la vez bastante acogedora. A pesar de eso no he pegado ojo. Entonces desde aquí oímos la sirena despertador que activan todos los días  la misma hora, las 7.00 de la mañana. Así que nos levantamos los dos a la vez, al parecer él tampoco ha podido dormir. No me extraña. No ha sido una noche muy buena para ninguno. Había mucha tensión, empiezo a sospechar que esa tensión se debe a algo... algo no muy bueno... me da muy mala espina...


 Tampoco son fáciles las palabras de despida, pues no me voy a ir siendo una maleducada sin decir por lo menos adiós.
  
 -Oye, ¿Esta noche estarás aquí? -le pregunto inocentemente, aunque me interesa bastante que estuviese junto a mí. 

 -Sí, estaré. ¿Tú también?


 -Sí.

 Ese incómodo silencio. El mismo silencio fúnebre de ayer que un giro de llave y el conserje tras la puerta logra romper. Salgo primera yo, seguida de Benny y cada uno se va a su habitación.

 Por el pasillo me encuentro a Josh, que me pregunta con la mirada cómo me ha ido. Yo prefiero no hablar, no tengo las palabras exactas la verdad. Además ver de nuevo a mi mejor amigo me provoca un escalofrío por dentro.  Noto la presencia de Benny aún en mi cuerpo, en un fuerte abrazo nocturno y me mareo. Oigo palabras en mi cabeza, esas palabras alegres que siempre me dice con su sonrisa juguetona y me vuelvo a marear. Entro en mi habitación. Cierro la puerta con fuerza y me tumbo boca arriba en mi cama.

 -¿Qué narices te pasa, Laia? - me pregunto sin obtener respuesta.

4 comentarios:

Miss Mellark Swift dijo...

ya te lo he dicho antes, pero me encanta *-*
publica pronto porfiiiisss *-*

Belinda dijo...

aww*___* me encanta! publica muy prontoo ehh, no nos dejes asi DD:
también me encanta Benny :33 *___*
un besacoo y a escribiiir ehheeh! ;)

Doble A Miee~ dijo...

Quiero MasssSSS$h! Por favor continua. Es precioso, me encanta ^^.

Anónimo dijo...

Cuando publicas el siguiente? Es que me encanta y me he enganchado desde el principio! jajajaja
Un beso (: